Imagina el pulso del maestro recortando piezas diminutas de alicatado, ajustándolas como estrellas que encajan sin forzar, mientras el horno fija esmaltes con brillantes azules sobre un cuerpo poroso. Entender la secuencia productiva ayuda a descifrar grietas, descascarillados y sales ocultas. Cuanto más clara sea la genealogía del azulejo, más acertado será el tratamiento y la elección de materiales compatibles, evitando añadidos rígidos o impermeables que rompan el equilibrio original entre soporte, engobe y vidriado.
Las tramas geométricas no son mero adorno: ordenan el espacio, guían la luz y dialogan con inscripciones. Cada tono responde a una receta histórica, a veces con ligeras impurezas que hoy valoramos como huellas de taller. Conservar no es blanquear la historia, sino custodiar sus matices. Un verde ligeramente velado puede contar un cambio de combustible; un azul profundo revela cobalto específico. Reconocer estos relatos cromáticos evita sobreintervenciones que uniforman, borrando capas de memoria imborrable.
En el Alcázar de Sevilla, la reposición masiva del siglo pasado enseñó riesgos de incompatibilidades cromáticas. En Topkapi, la fatiga de juntas de yeso indicó la urgencia de morteros transpirables. En la Alhambra, un simple cambio de flujo de visitantes redujo condensaciones críticas. Estas lecciones recuerdan que a veces la mejor intervención es mínima, que observar sistemáticamente puede prevenir daños, y que compartir datos abiertos acelera aprendizajes colectivos, evitando repetir errores caros y, a menudo, irreversibles.
La combinación de luz rasante, RTI y macrofotografía capta microrelieves del vidriado y dirección de fisuras, distinguiendo craquelado estable de grietas estructurales. La fluorescencia UV detecta barnices envejecidos y repintes que alteran la lectura cromática. Estos indicios guían limpiezas selectivas, evitan excesos y permiten definir zonas test controladas. Documentar cada imagen con metadatos precisos, fechados y calibrados colorimétricamente, mantiene coherencia entre equipos, acelera la revisión periódica y da trazabilidad a cada decisión tomada sobre el conjunto cerámico.
Con XRF portátil medimos elementos clave del esmalte y del cuerpo cerámico, detectando aportes de plomo, estaño, cobre o cobalto que condicionan sensibilidad a agentes de limpieza. µXRD y Raman, cuando son posibles, aclaran fases cristalinas, orientando consolidantes compatibles. Esta lectura evita introducir materiales que generen tensiones por coeficientes térmicos dispares. Compartir resultados en informes abiertos favorece la replicabilidad y permite que colegas comparen series históricas, mejorando la predicción de riesgos y el diseño de tratamientos conservativos responsables.





